Historia

Historia de Verín: Un viaje a través del tiempo en el Valle del Támega

La villa de Verín no se entiende sin su geografía. Asentada en un valle fértil esculpido por el río Támega, nuestra localidad ha sido, desde tiempos inmemoriales, un territorio fronterizo estratégico, un nudo de comunicaciones crucial y un crisol de culturas. Adentrarse en la historia de Verín es descubrir un legado de fortalezas, linajes nobles, contrabando, aguas minero-medicinales y tradiciones que aún hoy se respiran en nuestras calles.

Los Orígenes: De los Castro Celto-Galaicos a la Hispania Romana

La vida en el valle comenzó mucho antes de que las fronteras existieran. Los primeros pobladores de la comarca se establecieron en castros fortificados aprovechando las alturas de los montes que rodean el Támega.Con la llegada del Imperio Romano, la fisonomía del territorio cambió por completo. Verín se convirtió en un punto de paso obligatorio gracias a la construcción de las vías romanas (como la Vía XVII del Itinerario de Antonino), que conectaban Asturica Augusta (Astorga) con Bracara Augusta (Braga). Los romanos no solo trajeron calzadas; fueron los primeros en descubrir y catalogar las propiedades de los manantiales de la zona y en introducir los primeros cultivos de vid en las laderas del valle.

La Edad Media: El Esplendor de Monterrei y los Linajes Nobles

El verdadero eje político y militar de la comarca se consolidó en la época medieval. En el siglo XII, bajo el impulso del rey Alfonso IX, comenzó a erigirse la imponente fortaleza que domina el horizonte: el Castillo de Monterrei.A lo largo de los siglos, Monterrei se convirtió en el señorío más poderoso del sur de Galicia, gestionado por linajes tan influyentes como los Ulloa, los Zúñiga o los Acevedo. El castillo no era solo una fortaleza defensiva contra los ataques del vecino Reino de Portugal; era una auténtica ciudadela que albergaba un hospital de peregrinos, un monasterio y una de las primeras imprentas de Galicia, donde en 1494 se estampó el famoso Missale Auriense. Desde su torre, se controlaba el comercio, la justicia y la defensa de toda la comarca de Verín.

Territorio Fronterizo: Irmandiños, Guerras y Contrabando

Por su condición de frontera (la famosa Raia con Portugal), Verín y sus alrededores vivieron en un constante estado de alerta e intercambio cultural. Durante la Gran Guerra Irmandiña (siglo XV), los campesinos gallegos se alzaron contra los abusos de la nobleza, asaltando la fortaleza de Monterrei en busca de justicia.En los siglos posteriores, durante la Guerra de Restauración portuguesa y las invasiones napoleónicas, las tierras de Verín fueron escenario de batallas y paso de tropas. Sin embargo, la frontera también dio lugar a una forma de vida única: el contrabando o "o estraperlo". Durante décadas, los vecinos de ambos lados de la frontera tejieron redes de comercio clandestino de café, ganado, tejidos y medicinas, forjando un lazo de hermandad invisible que culminaría siglos después en la actual Eurociudad Chaves-Verín.

El Resurgir Moderno: El Siglo XX, las Aguas y el Vino

Con la pérdida del valor militar del castillo, la población se desplazó definitivamente al llano, consolidando a la actual villa de Verín como el motor comercial de la comarca. El siglo XX trajo consigo la industrialización y el reconocimiento internacional de los dos grandes tesoros de nuestra tierra:Los Manantiales: Aguas históricas como Cabreiroá, Sousas y Fontenova pasaron de ser remedios locales a convertirse en marcas de agua minero-medicinal líderes en todo el país.La Tradición Vitivinícola: El esfuerzo de los viticultores locales dio sus frutos a finales de siglo con la creación de la Denominación de Origen Monterrei, situando nuestros vinos blancos y tintos en el mapa de la alta gastronomía internacional

El Entroido: La Tradición Viva del Cigarrón

No se puede contar la historia de Verín analizando solo sus piedras; su verdadera alma reside en sus tradiciones. El Entroido de Verín es una de las festividades mágicas más antiguas de Europa. El Cigarrón, con su máscara de madera, su látigo (vaxada) y sus chocas, es el guardián de una tradición ancestral que ha sobrevivido a prohibiciones y censuras, pasando de generación en generación como el mayor símbolo de orgullo e identidad de nuestra villa.